Título: La misa del diablo (2013)
Autor: Miguel Prenz
Editorial: Tusquets
248 p. ; 21x14 cm.
Un asesinato macabro, una secta que mezcla rituales ocultistas con orgías sexuales y cabezas de animales disecados, todo en medio de un contexto de extrema pobreza, abuso de menores, pornografía infantil, tráfico de armas y drogas. Pero no es la primera temporada de True Detective, sino un caso real que sucedió en Corrientes, Argentina, y se editó en un libro.
La misa del diablo es la crónica de la investigación de Miguel Prenz sobre un crimen ritual cometido en octubre del 2006, que fue publicada en la colección Mirada Crónica de la editorial Tusquets en el 2013. Prenz nació en Bahía Blanca en 1979, aunque se mudó a Buenos Aires a los diecinueve para estudiar derecho y, más adelante, periodismo. Desde el inicio se planteó la investigación como un modo de comprensión, consciente de que no podría resolver el caso. Su línea de trabajo está marcada por las crónicas, como las publicadas en las revistas Soho y Maxim, y Los herederos del General, su primer libro.
Ramón González o “Ramoncito”, la víctima del caso del que se desprende La misa del diablo, fue encontrado en un basural cercano a las vías del pueblo con la cabeza apoyada junto a su cuerpo semidesnudo, torturado y violado. Hubo nueve acusados por su homicidio, pero solo siete fueron condenados a prisión perpetua y dos se encuentran prófugos.
Para Prenz resultó fundamental desde el principio estar ahí, conocer las características de Mercedes, el pueblo correntino donde sucedió todo, e intentar comprender en qué contexto se había dado un crimen como el de Ramoncito, cómo había sido. Se enteró de lo sucedido gracias a las noticias sobre el hallazgo del cadáver en los medios nacionales y siguió los avances durante dos años y medio, convencido de que había algo más detrás de un hecho tan violento. Por fin se decidió a intervenir gracias a las declaraciones de la monja correntina Martha Pelloni, quien lidera Infancia Robada, una red de lucha contra la trata de menores, sobre el posible trasfondo del crimen. Con su apoyo, Prenz viajó seis veces a Corrientes a lo largo de tres años, pasando más de sesenta días en total en la zona para familiarizarse con el entorno y los testigos.
Al ser ateo, el autor pudo evitar que el sistema de creencias ejerciera cualquier tipo de influencia sobre él, desde el catolicismo, la hechicería y los ritos afrobrasileños, hasta la magia negra y guaraní. El libro se titula La misa del diablo, justamente, porque permite más de una lectura: puede referirse al sentido estrictamente religioso y a su instancia de crimen ritual, a la vez que puede señalar la situación social, cultural y económica del pueblo que genera las circunstancias "ideales" para que se dé el caso de Ramoncito, siendo el “diablo” aquel empresario oculto que supo financiar las actividades de la secta y, al día de hoy, se mantiene impune.
Prenz contempló las probabilidades de que su crónica terminara con un final abierto, que hubiera incógnitas y callejones sin salida en su investigación. A “Ramonita”, por ejemplo, que es la testigo clave del caso, ni siquiera llegó a conocerla. Los capítulos en que ella cuenta su testimonio están transcriptos de su declaración judicial, porque Prenz no quería contaminar el relato con expresiones de un adulto instruido, de modo que la mirada y la forma de expresarse de Ramonita llegaran al lector de una manera más auténtica. Fue ella quien atestiguó el sacrificio, con tan solo dos años más que Ramoncito, y participó de muchas otras reuniones en que se cometieron atrocidades, como la utilización de fetos y bebés para ceremonias o el empleo de menores para la venta y distribución de droga. Más allá de las aptitudes narrativas de Prenz, los capítulos en que "habla" Ramonita son los más violentos e intensos, al punto que es imposible soltar el libro mientras genera una sensación de lástima e impotencia por las víctimas indefensas, y rabia y repulsión frente a los abusadores.
El libro comienza con la noticia del crimen y el hallazgo de Ramoncito. Luego relata la llegada del autor a Mercedes, para retratar al pueblo y sus costumbres, sus modos de vivir, sus creencias. Prenz guía al lector hacia una imagen mental muy clara de lo que él mismo veía en aquel rincón de Corrientes, con un lenguaje claro y conciso. Habla entonces con los tíos y abuela de Ramoncito, que detallan su vida y personalidad: el padre ausente, la madre prostituta, la familia de bajos recursos, el desamparo total, la venta de estampitas en la terminal del pueblo, las salidas recurrentes a la casa de la vecina conocida como "La Bruja" quien, por otra parte, fue una de las condenadas a cadena perpetua. En base al testimonio de testigos anónimos, Prenz deja abierta la posibilidad, sin embargo, de que toda la religiosidad del crimen sea una simple pantalla para ocultar un ajuste de cuentas relacionado a las drogas.
Con el contexto establecido, Prenz presenta a los diferentes personajes de la trama. El juez a cargo de la causa, que luego es destituido, y sus reemplazantes, que son amenazados de muerte; "el lado B de Ramonita", otra chica que aunque no adquiere tanto protagonismo, también proporciona un testimonio clave; enfermeras del centro de salud, que cuentan sobre la gran cantidad de casos de violencia sexual con los que se encuentran; la actual inquilina de la casa donde murió Ramoncito. Entrevista también a dos de las detenidas, quienes niegan desde el principio haber estado involucradas y se desilusionan porque Prenz no tiene más que un grabador, ya que esperaban salir en televisión. Lo mismo sucede con otro de los implicados, "El Brujo", acusado de despellejar la cabeza de Ramoncito.
Prenz también contacta a la policía a cargo del caso, que fue enviada a Corrientes por ser mãe de santo de una religión afrobrasileña y estaba capacitada para comprender mejor el marco en el cual se dio un caso como el de Ramoncito. La mujer "se convirtió en la traductora del lenguaje particular del crimen". Es ella también quien señala que detrás del homicidio hay una larga historia de trata de personas, explotación sexual y laboral, tráfico de armas, venta de drogas y servidumbre de menores de bajos recursos. Este capítulo es particularmente desgarrador ya que confirma todas las sospechas del autor y del propio lector, se comprende al fin que el caso va mucho más allá de Ramoncito y la frustración llega a niveles extremos.
Finalmente, entre muchos testimonios de vecinos e implicados, el capítulo más esclarecedor es aquel en el cual Prenz entrevista a un antropólogo especializado en la mágico-religiosidad, quien explica el significado de la fecha elegida para el sacrificio y de la decapitación, para dejar abierta la posibilidad, más adelante, de que Ramoncito se convierta eventualmente en un santo popular, como sucedió con el Gauchito Gil. "Si hubo uno o cien Ramoncitos, esa es la incógnita", concluye el especialista.
María Dorrego
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