Título: La muerte de Dexter (2016)
Título original: Dexter is dead (2015)
Autor: Jeff Lindsay
Editorial: Umbriel
352 p. ; 15 x 23 cm.
Cuántas ganas tenía de leer este libro. Lo esperé con la misma impaciencia que la nueva saga de Cazadores de Sombras. Después de comprar los dos ejemplares, sin embargo, compartieron el destino: se abrazaron para juntar polvo en mi biblioteca. No sé decir con exactitud por qué, aunque tengo una vaga idea. En el caso de Lady Midnight, digamos que de un tiempo a esta parte me incliné por otro tipo de lecturas; ya no me siento tan atraída por la literatura juvenil –no reniego de mi pasado colmado de Twilight y todos esos libros de tapa negra y letras rojas, simplemente digo que ahora me interesan otras cosas–. Con Dexter los motivos fueron bien diferentes: los primeros libros son tan buenos que a medida que avancé con la saga, me fue imposible convivir con la decepción. Ni siquiera voy a hablar del final de la serie, de por sí humillante para los personajes y ofensivo para los espectadores.
La razón por la que demoré la lectura de La muerte de Dexter es, probablemente, porque no quería que muriera. Odio cerrar etapas, me siento mareada y no sé para dónde agarrar. Recientemente me volví a mudar, vivo sola por primera vez en mi vida, y me pareció un escenario más que propicio para darle una conclusión a cosas más fáciles que mi pasado y mis relaciones. Entonces pensé “bueno, Lindsay, vamos a ver con qué me salís”.
Van a ser las doce de la noche y mañana es feriado, así que no trabajo. Dormí todo el día y como en el departamento no tengo televisión ni internet, le di una última oportunidad a esas 352 páginas. La verdad es que ya lo había empezado dos veces y lo había dejado con la misma velocidad con que pasaba los párrafos sin prestar demasiada atención. Vamos a lo concreto.
[Alerta de spoilers]
Yo no sé, sinceramente, si se nota más el fastidio de Dexter o del mismo Jeff Lindsay. Este libro está plagado de lo que se llama “relleno”: situaciones, pensamientos, diálogos que no hacen a la trama y, no obstante, se comen capítulos enteros. De verdad perdí la cuenta de cuántas veces Dexter se pone a recapitular los hechos, como si el lector no pudiera recordar lo que viene pasando. Entiendo que es una estrategia para mostrar, quizás, el cansancio del protagonista. Ya no maneja el mismo nivel de ironía que antaño, sus comentarios no son tan ingeniosos y se la pasa metiendo la pata, caminando de error en error y recibiendo cachetazos literales y metafóricos. Es realmente una lástima que tremendo personaje deba retirarse de una manera tan denigrante, ¡incluso peor que en la serie televisiva!
Los hechos son los siguientes: Dexter está preso por crímenes que no cometió. Queda en libertad con ayuda de Brian, su hermano, y luego se enfrenta a un puñado de narcos para salvar a sus hijos y sobrino, que fueron secuestrados. A la vez, se ocupa de encontrar las pruebas para demostrar su inocencia, con Masuoka como único aliado, mientras reniega de su relación con Deborah. Ah, casi me olvidaba del inspector Anderson, una vergüenza de enemigo. Finalmente atestiguamos una muerte para nada gloriosa, a manos de ese jefe narco que ni siquiera se la tenía jurada por motivos personales.
Tengo tanto que decir. Brian, que se las arregló toda su vida solo, ¿de pronto necesita al bueno de Dexter para que lo ayude a enfrentarse a unos latinos malotes? ¿de verdad? ¿no podía simplemente, no sé, irse a cualquier parte del mundo con toda esa plata que les robó? Supongamos que no puede hacerlo, ¿cómo es posible que con la sola manipulación de cuchillos por parte de los hermanos asesinos logren acabar con un pedacito del crimen organizado? Forzadísimo.
Dexter está ¿viejo? ¿cansado? ¿derrotado por la vida? y se la pasa cometiendo errores que lo acercan a una muerte esperable. Repite una y otra vez que no posee sentimientos humanos, pero no puede superar ni de lejos que Deborah esté enojada con él. Ah, pero de sus hijos ni comentario. Como hasta la mitad del libro ni siquiera los recuerda, a pesar de que en los anteriores eran su única verdadera conexión con el mundo. Hubiera preferido que literalmente se sacrificara por ellos al final, en vez de volverse una carcasa vacía. No sé qué piensan o esperaban los demás, pero la simpatía y el cariño que mostró desde el inicio por los más indefensos quedaron aplacados por una necesidad inexplicable de seguir adelante con los eventos, sin cuestionar verdaderamente nada.
Ahí va otra crítica a la trama. No hay sorpresas, giros, pistas que obliguen al lector a estar atento, a leer entre líneas. Las cosas van pasando, acompañamos a Dexter en cada paso hasta la confirmación del título: sentimos la voz del Oscuro Pasajero que canturrea y dice “no quiero morir, no así, por favor, no…”
Ya que lo menciono, les recuerdo que el Oscuro Pasajero es esa especie de entidad que habita en lo profundo de Dexter y Brian, que los une y los impulsa a matar desde aquel acontecimiento inicial en que vieron morir a su madre cuando eran chicos. Me gustó mucho el capítulo en que matan juntos y sus Pasajeros conectan. También me pareció más que nada coherente que al final del libro Dexter sintiera a su Pasajero fundirse con la Luna, su compañera de juegos, y Lindsay le brindara algunas líneas a esa especie de relación romántica entre ellos.
Por lo demás, el Oscuro Pasajero y la Necesidad brillaron por su ausencia a lo largo del libro. Lo entiendo en la medida en que la trama es tan floja, que no quedó lugar para más. Sin embargo, no dejó de ofenderme. Más que La muerte de Dexter, habría llamado a este final “El ocaso de Dexter” o algo así; porque es más la crónica de una persona que se va apagando, que se despide de sí mismo y de sus motivos, que alguien que recibe la muerte a lo grande. Al menos eso es lo que esperaba para un asesino serial que se venía escapando de las garras de la justicia y del castigo divino –si existiese algo así– con una gracia envidiable.
Yendo específicamente a la línea argumental: el enemigo letal es ese imbécil de Anderson, que se la pasa falsificando reportes y plantando evidencias. ¿Really? Más adelante, los latinos traficantes. ¿REALLY? ¿nos quedamos sin ideas, Lindsay? ¿o estuvimos viendo demasiada televisión? No conozco Miami, es cierto, y es probable que de verdad esté lleno de cubanos y de mexicanos. Así y todo, ¿es necesario que siempre estén metidos los carteles en estas tramas yanquis? Encima menospreciados, porque uno es más idiota que el otro. Se matan entre ellos, de manera literal. Dexter y Brian apenas intervienen.
La aparición del abogado mediático y corrupto tampoco me pareció un condimento demasiado novedoso. También muere de manera ridícula. ¿El aliado en toda esta situación es Vince Masuoka? Ni de broma. Está bien que Deb en algún momento tenía que decirle basta a su hermano, pero que su lugar fuera tomado por alguien como Vince, es demasiado. No tiene ningún sentido. El libro avanza sin verdaderas complicaciones, entre llamadas de teléfono y debates mentales de Dexter. Así de aburrido.
No recomiendo que lo lean, por si no está quedando claro.
Tal vez si necesitan darle un cierre, como me pasó a mí. Por placer, no. No hubo ningún tipo de satisfacción para mí. Hace tres libros que esta saga debería haber terminado, con Dexter en la plenitud de sí mismo. Lo que leí es nada más que la sobra de un gran personaje, que hizo lo que pudo con lo que le quedó. Se fue a morir en el agua, mirando la Luna, describiendo hasta el último segundo las sensaciones de alguien que ya no sabe quién es. Espero que haya muerto, porque la verdad es que tales palabras no se pronuncian en ningún momento. Ya me imagino mi indignación si en unos años me encuentro con un libro nuevo en la vidriera de una librería. Se llamaría “Dexter is back” o algo así y yo le daría un cabezazo a mi reflejo.
María Dorrego
