viernes, 13 de diciembre de 2019

Dexter, cámara, ¡acción!

Título: Dexter, cámara, ¡acción! (2016)
Título original: Dexter’s final cut (2013)
Autor: Jeff Lindsay
Editorial: Umbriel
416 p. ; 23 x 15 cm.



Empecé este libro con mucha emoción. Tuve que posponer su lectura en pdf por varios meses e invertir más plata de la que pensaba para conseguirlo. Digan lo que digan (y haciendo oídos sordos a las quejas de mi billetera), no hay nada mejor que el papel impreso. La forma en que las tapas de un libro se adaptan a las manos, el color amarillento de las páginas, el olor a nuevo al principio y a viejo más adelante. El lomo que se va marcando mientras lo abrimos de par en par. Las manchas, las arrugas, las esquinas dobladas durante lecturas apuradas en el tren o el colectivo. También me volví muy hábil en eso de caminar leyendo. Las calles me conducen hacia mi destino con la nariz hundida en las páginas de mi querido Dexter y las baldosas flojas me perdonan la distracción. Esta semana solo me mojé las zapatillas en una ocasión. 

Pero vamos a lo importante. Ya casi llega la medianoche y acabo de terminar Dexter’s final cut. Me gusta más el título en inglés, como con los libros anteriores. Captura mucho mejor el ingenio de Lindsay. Así que lo empecé con mucha emoción, como dije al principio. Quizás porque la serie terminó hace bastante y ya estaba necesitando saber en qué andaba mi asesino favorito. Jamás me imaginé que en un set de grabación, por supuesto. ¡Y enamorado, pfff! 

Resumen (con spoilers, obvio): Dexter es designado asesor oficial de una serie nueva de detectives en Miami. Se enamora de Jackie Forrest, una actriz y supermodelo que increíblemente le corresponde, y Robert Chase, otro actor, acaba siendo un pedófilo que secuestra a Astor (la hija de Dexter), no sin antes asesinar a Jackie y a Rita (esposa de Dexter). Los acontecimientos se desencadenan de modo que el libro acabe con todos los dedos acusadores apuntando a Dexter como responsable de los crímenes, incluyendo, tal vez, el de pedofilia. 

Vayamos a lo básico. ¿Dexter enamorado? Supongo que me lo veía venir. Ya iban demasiados libros con un Dexter incapaz de sentir atracción por otro ser humano. De todas maneras me resultó chocante que se involucrara con un personaje tan frívolo como una actriz de Hollywood. Quiero decir, en la serie al menos se enamora de Hannah, que es otro monstruo con su propio Pasajero. Pero bueno, Lindsay habrá querido destacarse y nos presentó a Jackie, una rubia de ojos violetas y pechos atractivos, según describe Dexter en tres párrafos completos. Gracias, Jeff. En serio, gracias por esos tres párrafos.  

Suponiendo que estuviera de acuerdo con la parte pseudo romántica, ¿Patrick tenía que resultar tremendo inútil? Me quedó claro que era un psicópata, sobre todo con esas cuatro mujeres a las que asesinó y les acabó en la cuenca del ojo, pero la forma en que Dexter finalmente lo mata me parece demasiado fácil. O sea, lo encuentra por Facebook, ¡Jesus, fuck!, para después darle caza por agua y deshacerse de él en un abrir y cerrar de ojos. Y que se encarguen los cangrejos. 

Ni siquiera hay un enemigo real a lo largo de todo el libro. La primera parte está marcada por la amenaza de Patrick, que parece que se acerca a la diosa del Olimpo Jackie Forrest cada vez más… Hasta que aparece Dexter El Oscuro Marinero. Luego hay algunos capítulos como de relleno, vagos, simples, hasta que se bosqueja una nueva amenaza que, si bien estuvo ahí desde el principio, no llega a ser demasiado real. Hablo del pedófilo Robert Chase, por supuesto. Incluso muere a manos de Astor. En pocas palabras, el libro se quedó muy corto de acción, cosa que en las ediciones anteriores sobraba. Nada de los rituales de Dexter, ni siquiera la aplicación del Código de Harry. Nada de Lilly Anne o Brian, tampoco. El libro entero giró alrededor del ensañamiento de Dexter con fugarse con Jackie y ser felices tomando mojitos y viendo puestas de sol desde habitaciones de hoteles lujosos. ¿Cómo pudiste, Lindsay? 

Igual lo leí hasta el final, aunque haya tardado demasiado y ahora me esté quejando. No quiero decir que el libro no me haya gustado. Está redactado magníficamente, con la dosis justa de metáforas e ironías que vuelven a Jeff Lindsay uno de mis autores favoritos. La elocuencia mental de Dexter sigue siendo adictiva. Ese no es el problema. Lo que me perturbó es que parece que a la historia de Dexter Morgan se le va acabando el rollo. No hay nada peor que un autor que lucha contra el final inminente. La vida de Dexter ya no puede soportar más enfrentamientos con la policía, encubrimientos, manejos turbios y miles de etcéteras. Ya es hora de que lo descubran y ejecuten o que salga victorioso o muera o lo que sea. Pero ya no puede seguir recolectando muestras de sangre mientras sale a matar con la luna cuando nadie lo ve. Simplemente ya no funciona, justo como sucedió con la serie de televisión. Todo llega a su fin y estirar los capítulos resulta casi hiriente. La regla número uno del escritor es no forzar a los personajes, evitarles situaciones inverosímiles. No hay que obligarlos a llegar a lugares adonde normalmente no llegarían. Simple. Y creo que este Dexter se está yendo un poco a la verga. Ya está, lo dije. 

Que quede claro que no voy a dejar de leer a Lindsay ni voy a esperar con menos ansias la lectura del próximo libro, el esperado final. Pero quizás deba ir preparándome para la decepción, aunque esa cuota ya fue cubierta por la serie. No podría soportar otro Dexter Morgan con camisa a cuadros y una barba de meses cortando leña. Por favor, no me hagas eso, Jeff. Pensá en mi salud mental.

Punto aparte, estoy considerando que debería releer los títulos anteriores y reseñarlos. No soy una chica de sagas y me parece destacable el hecho de que vengo acompañando a Dexter hace tantos años. Los primeros dos libros son un manjar. Ya por el tercero la cosa empezó a irse un poco al pasto, con toda la mística del Pasajero, pero igual estuvo bien. Con toda probabilidad el paso en falso arrancó en el quinto libro, con el mambo de los caníbales. En fin. Recomiendo fuerte los libros (al menos los primeros) de este divertido asesino y su humor elocuentemente negro. 


María Dorrego