Título: Cometierra (2019)
Autora: Dolores Reyes
Editorial: Sigilo
176 p. ; 22 x 14 cm.
¡Tanto que decir! Antes que nada, amé la idea del libro y el título es uno de los más atractivos que leí en mucho tiempo. Cometierra es una novela de realismo mágico, en la que su protagonista y narradora tiene el don de “ver cosas” cuando, literalmente, come la tierra que habitaron otras personas. Es así como se vuelve una especie de bruja villera que atiende clientes de toda clase social que buscan a sus desaparecidos, quienes le llevan botellas con tierra significativa para que ella pruebe a cambio de plata.
A través de la novela acompañamos a Cometierra desde que es una niña y “ve” el femicidio de su mamá (que muere a manos de su propio papá), para luego dejar la escuela porque se cansa de que la miren mal “por sucia”. A lo largo de su juventud acaba reproduciendo, sin ningún tipo de resistencia, la vida del barrio: con cervezas para las cuatro comidas del día, en una precariedad absoluta, bailanta y puñaladas los fines de semana. Tanto el lenguaje como los escenarios que presenta la autora hablan de un registro definido, que representa en cada página un sector de la argentinidad bien conocido por todos.
Los personajes de esta historia son tan reales que duelen. Los ves a todos, incluidos aquellos que no aparecen vivos (y tal vez a ellos un poco más todavía). Hay un abandono absoluto en Cometierra por parte de las instituciones que parece hundirlos cada vez más en su miseria: la familia (encarnada en el padre abusivo, la tía que abandona), la escuela (cuando desaparece la única maestra que le prestaba atención, deja de ir y a nadie le sorprende), la policía (que deja impune el femicidio tanto de su mamá como de la maestra, e ignora otras desapariciones), del Estado (que no aparece de ninguna forma tratándose de dos menores de edad viviendo solos: Cometierra y su hermano Walter). No es casual que ella termine enganchándose con un yuta, puede que de manera inconsciente busque algún tipo de amparo o seguridad en él.

La vida en el barrio donde viven está surcada (cortada en dos por un cuchillo) por una espiral de violencias y desesperanza: sobre todo para las feminidades. Creo que hay una fuerte denuncia por parte de Reyes en este punto. Las mujeres siguen faltando y nadie hace nada. Hay un capítulo muy duro en que Cometierra habla en sueños con la maestra muerta y le dice que no quiere ser mamá, que para qué, si después las pibas desaparecen. Ella conoce los códigos para moverse por la calle porque las caminó toda su vida, sin embargo, creo que lo que finalmente la mantiene a salvo es su don, ya que la vuelve inusualmente precavida. Entonces, ¿sabe cuidarse realmente o lo que la salva más de una vez es su propio encierro? Siendo mujeres ¿la única manera de sobrevivir es quedándonos al margen?
De todas las oportunidades en que Cometierra usa su don para ver, en una sola ocasión logran encontrar y salvar a la víctima, una jovencita que había sido secuestrada por un viejo horrible. El resto de la tierra siempre le trae espanto y fatalidad, a pesar de todo esfuerzo. Así y todo, ella sigue atendiendo, sigue probando y tratando de ayudar (y si con la plata que gana puede comerse unas papitas en La Salada, bueno, mejor). Incluso al final, cuando tiene que escaparse del barrio con lo puesto por haberse metido con gente pesada, le cuesta dejar las botellas con tierra misteriosa de su jardín. Y es que su identidad empieza y termina en comer tierra, ¿qué va a ser a partir de ahora que ni eso podrá tener? ¿cómo va a llamarse? ¿quién va a ser, si la tierra es lo único que la define? Aquello que le pertenece sin que nadie se lo haya regalado, sin que nadie pueda arrebatárselo. Hablame de finales abiertos. Me encantó.
María Dorrego