Autora: Malena Pichot
Ediciones Futurock
208 p. ; 23 x 15 cm.
Quizás porque era justo lo que necesitaba en este momento, di con un libro que no es de ficción. Enojate, hermana es un compilado de artículos de la columna de Malena Pichot que se publicaron en el suplemento Las 12 de Página12, entre 2017 y 2019. Varias veces traté de leer esta clase de libros, sobre todo sigo dando vueltas con El violento oficio de escribir, de R. J. W. Trato, sobre todo por admiración, pero me aburren enseguida. Esta vez, sin embargo, me pasó algo diferente.
Pichot dice más de una vez que no se trata de un libro de feminismo, que ella no viene a educar a nadie ni a traer el mensaje feminista. Es divertido en cierto punto, porque es exactamente lo que termina pasando. Basta de idolatrías estúpidas, de seguir a rajatabla las palabras de los demás. Pichot es una mina común y corriente, la tiene más clara en millones de cosas, sí; pero ella misma sigue buscando dónde pararse para sentirse cómoda, navega las contradicciones de cada ser humano con el plus de ser muy consciente de todo. No siempre estoy de acuerdo con lo que piensa y dice; en determinadas situaciones lo que me desconcierta es la manera que elige de hacerlo. ¿Y? Si hay algo que me quedó clarísimo después de leer su libro es: ¿y qué?
Para mí el feminismo sigue siendo una novedad, conceptualmente hablando. Creo que las causas las llevo en mí desde que tengo noción, porque aunque hace poco tiempo que le pongo nombre a las sensaciones, que comprendo la lógica ancestral de injusticia, opresión y desigualdad, vengo sintiéndolo en el cuerpo desde que nací. No hay más que decir. Ahora mismo mi cabeza es un remolino de información, deberes, necesidades, obligaciones. “Ser feminista es vestirse así, decir aquello, bancar cierta causa, defender lo otro”. No. ¡Gracias, Malena! Ser feminista es un bardo. Es irse de boca a veces, es pifiarla, es activar, es repensar, es salir, es quedarse. No hay una fórmula.
Lo que sí creo es que ser feminista es tener la capacidad de mirar para los costados y formar un colectivo de heterogeneidad, abrazar metafóricamente la diferencia y sentir más allá de una misma. Con varios artículos de este libro me pasó que tuve que cerrarlo inmediatamente, ¿viste esa necesidad de apretarlo contra el pecho y decir la puta madre? Así. Creo que el título es muy acertado, la mayoría de las veces me quedé muy enojada de verdad. Una recomendación: no es una lectura para antes de dormir; la ira no te deja pegar un ojo. Es la bronca de confirmar que el mundo es un asco, que la gente es un asco, que a nadie le importa nada y que, en realidad, enojándote no vas a llegar a ninguna parte.
Es casi gracioso que al final sobrevuele esa idea: enojate, sí, pero que ese enojo no te arruine la vida. Porque así no sirve. A mí el enojo me hizo contestarle por primera vez a un tipo en la calle, hace muchos años, cuando me dijo alguna frase de esas de mierda que dicen los tipos de mierda. De ahí en adelante no paré, hasta que la bronca empezó a bajar. Ahora ya no contesto tanto, ya no me hace tan mal. Porque todos esos enojos acumulados también me hicieron salir a la calle a marchar, a gritar a lo Lisa que todo el maldito sistema está mal. Ese enojo nos hermana. Y no importa cómo se manifieste en cada una, sino bancarnos cuando las papas queman y estamos del mismo lado. Yo soy sorora con las que luchan, con las sobrevivientes, con las que sufren, las que lloran y ríen mientras agitan una bandera en la calle o en su cabeza, las que se animan y las que no.
Pichot es una compañera y este libro es ella sentada en la mesa con vos, pasándote el mate, diciéndote que te enojes del todo, que pierdas el miedo y te animes a ser y hacer de una vez. Y si no, todo bien, hacé lo que se te cante, pero que los demás se vayan al carajo en fila.
Marqué muchas frases que me parecieron maravillosas y otras que me hicieron reír. Cito, sin embargo, un párrafo que fue una caricia en una noche particularmente difícil para mí.
María Dorrego


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